2014/09/21

Tres candidatos en Bogotá

Resistencia. El actual alcalde de Bogotá, Gustavo Petro,
se encuentra bajo el fuego de los medios.
Colombia. Luego de diez años de gestiones de izquierda y centroizquierda, se lanzó con mucha anticipación la campaña electoral para las elecciones de alcalde de la capital que reemplazará al cuestionado Gustavo Petro Urrego.
Los comicios para elegir al nuevo alcalde de Bogotá serán dentro de 14 meses. A pesar de ello, tres pesos pesados de la política colombiana ya se lanzaron al ruedo. Todos ellos quieren entrar al Palacio Liévano, probablemente el 1º de enero de 2016. Así lo sugiere la revista Semana. Por qué –valdría preguntarse– la premura de estos lanzamientos. Para dar una respuesta a ello, la influyente revista parece haber tomado partido. En una nota sin firma publicada el 13 de septiembre y que lleva por título “Comienza la carrera por la Alcaldía de Bogotá” se señala sin ningún empacho que la anticipación obedece a una gestión que lo único que ha logrado es descontento, y que por esa razón es posible hoy el surgimiento prematuro de alternativas.
Gustavo Petro Urrego, actual alcalde mayor de la capital colombiana, desde su asunción en enero de 2012 tuvo que sortear demasiadas dificultades. Nunca antes una gestión del gobierno capitalino había tenido tantas resistencias por parte de los principales lobbies económicos metropolitanos, y de sus variables políticas afines. El perfil izquierdista y progresista de Petro no resultó la principal causa de la resistencia, sino en primer lugar las políticas que comenzó a llevar a cabo, y que tocaron intereses muy anquilosados. El pasaje de los diferentes servicios públicos a manos del Estado fue uno de los principales focos de conflicto, y entre ellos, el de la recolección de basuras, el más paradigmático. El esquema de aseo hizo que en marzo de este año Petro fuera destituido del cargo, para volver al mismo en abril –tras 35 días de haber estado fuera de la gestión– debido a las medidas cautelares que le adjudicó la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) y que tuvieran que ser acatadas por la Justicia neogranadina. La destitución en marzo no fue una novedad ya que durante todo el 2013, el procurador Alejandro Ordóñez amenazó con esa acción, sumado a que también aparecieran diferentes grupos que recolectaban firmas para realizar un referéndum revocatorio, que si bien la Registraduría lo convalidó, nunca se realizó.
Durante el tiempo que Petro estuvo destituido, quien ocupó la alcaldía fue el liberal Rafael Pardo, nombrado por el presidente Juan Manuel Santos, aunque el designado también ocupara el Ministerio de Trabajo de Colombia. No pocos analistas señalaron por entonces que ése era un globo de ensayo santista para posicionar al ministro como virtual burgomaestre. Y no es para menos, ya que Pardo hoy es uno de los tres políticos que se lanzaron prematuramente para llegar al Liévano. Los otros dos son Francisco Santos, del derechista Centro Democrático, y Clara López del centroizquierdista Polo Democrático Alternativo.
Tal vez quien mejor exprese una candidatura que sume críticamente contra Petro, es el ex vicepresidente FranciscoPacho Santos. El primo del presidente, pero que es parte del armado político del ex mandatario Álvaro Uribe, ya en 2013 se preparaba para el cargo, en caso de que la revocatoria –propuesta por un grupo “independiente” de ciudadanos– fuera efectiva. Santos se había sumado a la campaña revocatoria. No resulta así casual que la nota deSemana señalada más arriba, comience con una frase de Pacho: “Petro es un alcalde incapaz y lo sigue demostrando”.
Entre sus argumentos para justificar el lanzamiento de los tres candidatos, Semana dice: “Bogotá atraviesa por una profunda crisis política sin antecedentes en los últimos 20 años. De hecho, el reporte más reciente de la encuesta Gallup identifica la complicada situación capitalina como uno de los diez aspectos por destacar en las dos décadas que llevan haciéndole seguimiento a la opinión pública colombiana” enfatiza la publicación, y añade que “la molestia de los bogotanos con su ciudad se traslada con igual intensidad a su alcalde”, asegurando que “la misma encuesta Gallup registra que el 58% de los capitalinos rechaza la gestión de Gustavo Petro”.
Bogotá, desde hace diez años está gobernada por gestiones de izquierda y centroizquierda. Semana intenta señalar que, en las últimas elecciones presidenciales la gran vedette resultó la derecha encarnada por el candidato Óscar Iván Zuluaga del uribista Centro Democrático. Esto le permitiría ir por el distrito. Si se tienen en cuenta los resultados de las elecciones del 25 de mayo, en los cuales Zuluaga se impuso por escaso margen al actual presidente Santos –quien iba por su reelección–, podría convalidarse la hipótesis de la revista, pero si se tiene en cuenta que en la segunda vuelta realizada el 15 de junio Santos se impuso por el 50,9% al 45% del uribismo, las cuentas que se podrían hacer son otras. El triunfo del actual mandatario en junio implicó una fuerte apuesta de la izquierda que, apoyando la reelección, convirtió a los comicios en un verdadero plebiscito por la paz. La derecha representaba la continuación de una guerra que no cesa desde hace varias décadas, con un número muy significativo de asesinatos y desplazamientos. En la segunda vuelta de junio el apoyo del alcalde Petro a Santos resultó decisivo para dar vuelta el resultado de mayo en el distrito capital. La alcaldía de Bogotá representa el segundo cargo en importancia del esquema político colombiano. La derecha se ha propuesto recuperar ese bastión y Pacho Santos es la figura con la cual lo va a intentar. Por su parte, si Clara López aseguró que le entusiasma la posibilidad de ser la próxima alcaldesa, habría que pensar que ello es un reflejo político para contrarrestar el envión del uribismo. Pardo no lo puede disimular ya que fue alcalde por 35 días.
Pero como la arremetida contra Petro pareciera realizarse en una perfecta combinación de todas las formas de lucha, pasada la destitución y la revocatoria, ahora el alcalde debe padecer otras estocadas como lo es el fallo que convalida la vuelta a Bogotá de las emblemáticas corridas de toros. Haber terminado con ellas había sido un gran salto en la consideración de diferentes movimientos de protección de los animales de todo el mundo. El gerente de la Corporación Taurina de Bogotá Felipe Negret había presentado hace un tiempo una tutela, que hizo que la Corte Constitucional dé lugar a que dicha actividad vuelva a la Plaza de la Santa María, lugar que desde la “Bogotá Humana” se había rediseñado para actividades culturales. “Lamento que aún tengamos sectores de la sociedad que se diviertan con la muerte. No existe un derecho fundamental a matar”, dijo Petro a través de la red social Twitter, pero subordinándose a la decisión de la Justicia. Por su parte, Negret le dijo al diario Vanguardia de Bucaramanga que la decisión de Petro le costó a Bogotá –entre 2013 y 2014– haber perdido “dos mil ochocientos millones de pesos para los maltrechos parques de la ciudad” y asegurar que la Corte con este fallo protege derechos y libertades. Diferentes formas de entender hacia dónde debiera ir la humanidad, al menos en relación a sus gustos.

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